domingo, 14 de agosto de 2016

Crónica de Versalados

El jueves 11 de agosto se celebró en San Fernando la tercera edición del festival poético Versalados, un encuentro en el que Lápices de Luna participó como organizador. El evento se desarrolló en las instalaciones del Centro de Visitantes Parque Natural Bahía de Cádiz, dentro de un entorno único e inmerso entre las salinas de San Fernando y la Playa de Camposoto. El Versalados volvió a reunir en esta ocasión a poetas venidos desde distintos puntos de la geografía española con un considerable bagaje en el panorama de la literatura actual, era un buen preludio para la noche de las perseidas.


La cita empezó con las canciones del cantautor Enrique Diago, quien deleitó al público asistente con canciones habituales de su repertorio y algún estreno de un próximo disco.


La cita poética fue inaugurada por el roteño Javier Gallego y Gema Estudillo, residente en Conil. Ambos hicieron gala de una colección de poemas que establecía una considerable altura de listón para la noche que acababa de comenzar, un principio de altura para una noche de altura. Autores noveles pero expertos en publicaciones colectivas como revistas y antologías que demostraron su buen hacer con los versos.

Posteriormente a ellos, Eric Schanabrier y Francisco Raposo pusieron la nota más fresca de la noche. Eric, llegado desde Madrid, demostró la versatilidad de su poesía con poemas que recordaban lo mejor de los poetas metafísico ingleses y con un cierre propio de las célebres Slam Poetry, que últimamente recorren el territorio nacional. Francisco Raposo, por su parte, trajo consigo poemas de Grietas vitales, libro que acaba de ver la luz con Ediciones En Huida. Los poemas de Raposo fueron cortos pero contundentes, certeros como un disparo de este joven autor que supo captar la atención del público con ellos.

Tomaron el relevo dos pesos pesados de nuestro marco poético, Blanca Flores y Rosario Troncoso. Fue cuando la poesía de la experiencia tuvo más presencia durante la noche. Ambas estrenaron poemas de próximos trabajos, Carne de cuneta, en el caso de Blanca. Rosario no desveló títulos pero demostró la evolución de sus nuevos y esperados poemas. Fue quizás el momento de la noche en que más azotó el levante, ambas se sobrepusieron a su influjo y llenaron la noche de belleza.

Después del descanso con la participación nuevamente de Enrique Diago, tomo el testigo Luis Aranzana. El poeta madrileño afincado en Cádiz, recitó sus versos a modo de rapsoda, de memoria, consiguiendo captar la plena atención del público que se concentró en el centro de visitantes.

La penúltima pareja fue la formada por dos de las poetas jóvenes con más proyección de la literatura actual. Las madrileñas Marina Casado y María Agra-Fagúndez, de estilos muy distintos, la primera con referencias del surrealismo del 27 y la segunda continuista de la generación de la experiencia, demostraron que la poesía actual tiene muchos caminos. Ambas trajeron sus últimas obras, Mi nombre de agua, de Marina Casado, y Destierros, de María Agra-Fagúndez.


Cerraron una magnífica noche de versos Juan Luis Tapia, todo un referente cultural de nuestro país, y Paco Ramos, organizador del Versalados. Tapia mezcló versos de Cuaderno del náufrago y de Recursos humanos, el que será su próximo título en poesía, mostrando una poesía de estilo pop muy diferente a lo escuchado hasta entonces. Por su parte, Paco Ramos abrió su lectura con dos poemas de El aprendizaje del miedo y terminó con tres de la que será su próxima obra, Breves apuntes sobre el arte de mantener el equilibrio.



Una noche de verano en la que un año más la bahía de Cádiz volvió a ser epicentro nacional de la poesía. Enhorabuena a todos los participantes. 


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